Qué gran verdad: lo peor no es que arrojen tus posesiones por la ventana, lo peor es que se las queden y seas incapaz de recuperarlas. Creo que esa es la manera más difícil de recuperar un objeto aparentemente sin valor pero que para ti es sagrado: "hola, perdona, ya sé que te destrocé el corazón y nos gritamos cosas muy feas la última vez que nos vimos, pero ¿me podrías devolver mi CD de los Strokes y el pack de los Monty Python?". Y no nos tenemos que poner en el colmo, ¿cuántas cosas no nos hemos dejado en el camino por no ser más prudentes? (En mi caso la mayoría de lo que he perdido ha sido por culpa de vivir con unas hermanas ligeras en el préstamo). En un momento de euforia (y no tanto) dejas lo que sea a quien sea. Unas veces tú lo ofreces, otras te lo exigen sin recato: "¿tienes la última de Tarantino? ¿Me la puedo llevar?" Meeeec (pon sonido de bocina), error: ¿quién es ese tipo? ¿lo conozco? ¿confío en él? ¿responderá de mi DVD con su vida? ¿lo devolverá? ¿conozco donde vive? Muchas preguntas, lo sé. Para evitar olvidar alguna habría que pasar un cuestionario. Conocí a uno que rellenaba una fichita cada vez que prestaba algo, con tu nombre, el día que te lo prestó, etc. Un modelo a seguir, aunque no entraremos en el problema que tenía con su madre (hijo único, sobreprotegido,... ). Yo no puedo hacerlo, lo sé, pero se puede cambiar de estrategia y en estos tiempos de descargas y formatos comprimidos lo mejor es prestar sucios CDs resobaos y DVDs con siete películas grabadas con videocámara. Es una idea.
Atención, pregunta: ¿qué es lo que habéis perdido en un préstamo y tendríais más ganas de recuperar? En fin, algo que le tuviérais cariño. Yo puedo hacer un listado extenso y doloroso, os contaré uno de los que me desvela por las noches (soy coleccionista no lo puedo evitar): la primera vez que trabajé en mi vida gané unas 40000 pesetas recogiendo y fregando vasos de cubata y soportando a borrachos violentos. Cuando terminó la pesadilla, fui a una tienda de discos y compré un CD de coleccionista de The Police que costaba la friolera de 7500 pesetas de la época. Muy bonito, caja metálica, un concierto de la época punk de The Police que sonaba como grabado en su casa con un cassette, pero era mío y no sé quien más podía tener ese Santo Grial (también era edición limitada). Algo así lo tienes para enseñarlo, fardar un poco, lo normal (aunque, me repito, sonaba como el culo, de hecho, no llegué a escucharlo ni tres veces). Lo más flagrante de su pérdida, porque se perdió, es que no recuerdo habérselo dejado a nadie, ni nadie de los posibles sospechosos recuerda que se lo dejara. ¿Y por qué me duele más que otros? Por cómo sudé ese dinero, toda una lección de vida: no sabes lo que cuesta el dinero hasta que te lo ganas. Ya me pongo nostálgico.
Otra reflexión que me surge: ¿por qué si acumulas un montón de material siempre echas de menos lo que te falta aunque no sea ni el 1% de lo que tienes? No tiene sentido, pero es como todo: lo que te falta es lo que anhelas, lo que tienes... poned lo que queráis.
Responded a la pregunta. O no.
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