Sí, lo de Antonio Vega se veía venir, pero creo que por eso impacta más. Un personaje con el que siempre lo he emparejado es con el cantante de los Alice In Chains (gran grupo de Seattle de la época de las camisas de leñador y el pelo graso, ¡qué tiempos!), Layne Staley. Ambos compartían ese estilo de vida que William Burroughs definió como "el almuerzo desnudo" (un libro inclasificable y absorbente): el del adicto. Supongo que empezaron pensando que es lo que debían hacer siendo músicos y bohemios. Pero en realidad no se daban cuenta que les sesgaba la vida. No creo que su adicción les diera un plus de creatividad, ni que maravillas como "El sitio de mi recreo" o "Se dejaba llevar por ti" (canciones con múltiples interpretaciones, no sólo la tóxica) fueran compuestas entre cuelgues. En el caso de Staley, su disco más recomendable, "Dirt" (unido a otra joya como "Jar of Flies"), es un catálogo de los horrores de la adicción y otros fantasmas: más una llamada de atención, de socorro, que una exaltación. Una obra que sólo se puede componer desde la serenidad del adicto que quiere salir de su jaula ("Down in a hole" es una descarnada "opus" en el que se convierte en su condena y en su salvación al mismo tiempo). Otra macabra coincidencia entre los dos es que perdieron a sus respectivos amores (también adictas) y no tardaron mucho más en acompañarles. Staley murió a los 34 de sobredosis en un apartamento de un edificio de viviendas sociales a pesar de ser multimillonario y tener a su disposición una limusina en su puerta. Antonio Vega ha fallecido en un hospital sin creérselo porque, en realidad, él ya estaba en otra parte hacía tiempo. Curiosamente, su siguiente concierto iba a ser en Almería. No voy a convertirme ahora en fanático de Antonio Vega, me gusta alguna de sus canciones y, pena, dado sus estados de ánimo, su producción es corta e irregular, pero me fascinaba ese halo de maldito que tan poco se da en la cultura pop española más dada a los jóvenes añejos.
Confident, el "pero... " ese de la historia del carnicero acaba de un modo más bien prosaico (por eso lo puse). Después de su amable invitación y enseñarme su sala insonorizada y su título de cinturón rojo bermellón de kárate, no es que lo rehuyera pero he espaciado las visitas a la carnicería inconscientemente (juro que no ha sido premeditado). Y, como no había donde rascar, es una relación que se va a ir diluyendo cual agua en un charco.
(Excurso: no sé si es una sensación mía pero me da la impresión que en esta crisis cualquiera que pilla a un funcionario lo utiliza para desahogarse de sus frustaciones y, ya de paso, le insinúa lo caradura que es por tener el trabajo que tiene. Yo no tengo la culpa de la cifra de parados, ni de las ventajas del trabajo público sobre el privado, tampoco tengo la culpa de que haya gente que prefiriera no estudiar y elegir otros trabajos. Durante la época de bonanza he escuchado a alumnos y no alumnos que se reían de mi sueldo y mi coche, no me importaba porque siempre he considerado que me pagan muy bien por lo que hago. Por expresarme en términos políticamente correctos: espero que a todo el mundo le vaya bien y que pueda contribuir a ello, pero no puedo pagar por los errores de los demás. Ejemplo: en mi opinión, un peón de albañil no puede comprarse un Mercedes y luego quejarse de que no puede pagar la hipoteca. No quiero pecar de demagogia y lo siento, pero los cuñados conservadores cantamañanas me ponen así.)
Otra cosa, tengo que leer al Murakami pero se me acumula el trabajo así que pediría a Stif que siguiera adelantando esas perlas del fondo del libro. Yo estoy con la autobiografía de Eduardo Arroyo, un tipo descreído y cínico con la ternura suficiente para hablar bien y mal de todos los demás y darse un buen repaso a él mismo (es increíble cómo analiza en uno de sus capítulos la sobreexplotación de Lorca y todo lo que le rodea por parte de la familia del difunto).
PD: ¡Ya está bien! Achuches a todos.
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2 comentarios:
Una boda en la que te reecuentras con gente que no veias hace diez años da para mucho.
POr supuesto, el indice de gilipollas entre 700 invitados era tremendo(si habeis leido bien, 700)tanta gente con la que hace 15 años en el colegio ni te hablabas porque a ti te parecían unos gilipollas y tu a ellos también, y de pronto te los topas de frente en la puerta de la iglesia...y tantas parejas que lo fueron hace 15 años, y ahora se vuelven a reencontrar...y tantas chicas que te gustaban hace 15 años y ahora, daba pena verlas. Otras sin embargo ham mejorado increiblemente.
En fin, fue muy gracioso, muchas batallitas, muchos ex-profesores,y niños, miles de niños por todos lados. Lo mejor es comprobar como el tiempo se ha cebado mas con otros que contigo, y ver que muchosde los que aspiraban a mucho se han quedado en nada, y los que no aspirabamos a mucho nos hemos quedado donde queríamos, felices...y vuelvo a repetir, quien es un gilipollas a los 17, a los 33 tiene posibilidades de serlo aun mas.
Sin embargo la pregunta que flotaba en el ambiente era: "madre mia, qúe rápido ha pasado el tiempo, y yo que he hecho con mi vida!"
A todo esto salió en la conversación el maravilloso gol de zidane en la final de la champions del 2002...hace nada de eso, y volvimos a preguntarnos, que habíapasado en nuestras vidas desde entonces, que habíamos hecho con nuestra vida, desde el 2002.Un muy buen amigo mio decía "nada"...yo sin embargo no pienso en eso:aprobar unas oposiciones, tener dos niñas preciosas(la mayor de ellas me lleva del amor mas absoluto, al delirio mas tremendo en 12 segundos)vivir un tiempo en el extranjero, casarme, grabar discos, viajar, tener experiencias que me han marcado profundamente y me han enseñado, la muerte de mi madre, comprar una casa...y podría seguir...yo, definitivamente estoy contento con mi vida, es sin duda mi mejor vida posible.He sufrido mucho, pero he reido también,y lo mas importante he aprendido. Como dice una canción "aprendo de mis pasos, entiendo en mi caminar"
En fin, una regresión al pasado(una vez mas)Pero lo mejor, ver que el que era un tonto pollas redomado en cou, hoy es un tontopollas-redomado ingeniero-forrado-con 33.
Abrazos mil.
Es curioso lo del tiempo: a veces quieres acelerarlo y otras veces dejarlo en suspenso, pero, irremediablemente, continúa. Creo que más que lo que hayamos hecho o no durante un periodo de tiempo, lo que parece que nos damos cuenta es en el paso de él. No es una cuestión baladí: cuando tenía quince años el tiempo me parecía infinito y era inmortal. Tanto, que podías jugar a serlo sin vergüenza; ante los adultos con esa suficiencia del que se sabe que administra algo de lo que carecen. Ahora, en nuestro momento, el tiempo se asume con pocas bromas y te golpean sus efectos en ocasiones con crudeza. Me refiero a ese momento, Confident, en que te das cuenta que han pasado ¡siete años! desde el gol de Zidane y para ti ha sido anteayer. Nuestros siete años son décadas para las tuyas o la mía. Esto también provoca una cierta sensación de pérdida de tiempo por la idea de que se nos escapa de las manos y siempre nos falta. Hace que nuestras glorias y miserias se vean desde un punto de vista relativo, asumiendo los altibajos como naturales, no esperando la excelencia sino la vida, pura y simple. Y la vida es extraordinaria en cuanto lo ordinario se convierte en especial, no en lo excelente: a esto se le supone la virtud, a la vida "normal" hay que buscarla.
Por rebajar la cuestión y no sé si viene a cuento: me acuerdo que cuando empecé a descubrir a grupos de los setenta durante los primeros 90 me parecían antiquísimos, unos dinosaurios del pleistoceno de los que se graban en fósiles. Ahora me veo que he seguido trayectorias de artistas durante casi 20 años y me parecen actuales (véase NIN, Pearl Jam, Radiohead, Blur).
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