Hoy estoy más tranquilo, en calma chicha como se suele decir. Y hoy es mi segundo día en el dentista. Es la primera vez en mi vida que voy a una consulta odontológica (si exceptuamos un diente que me quitaron hace tantos años que no me acuerdo y culminó con un "Pantera Rosa", ese polo rosa 100% artificial de Camy). Lo curioso es que, a pesar de lo poco que he requerido los servicios de un dentista, trabajé un tiempo como chico de los recados de un protésico dental (no entro en detalles porque es algo doloroso para mí, hablando en serio) y visité muchas consultas para llevar encargos. Creo que los ruidos y comentarios que escuché me terminaron de quitar las ganas de intentarlo. Además, son consultas muy asépticas, más de lo habitual, y los dentistas tienen un punto chulesco algo antipático (son como los Ferrari de la carrera médica junto con los cirujanos plásticos).
Cosas: todo el mundo habla de crisis pero yo me siento un poco ajeno a un fenómeno que todos sabíamos que iba a ocurrir. Todo son palabras huecas, diálogo de besugos, nada que no se haya dicho ya. En España nos hemos olvidado de tiempos no tan pretéritos cuando los que éramos más jóvenes no disfrutábamos de la bonanza de estos últimos años. Y no me sentía infeliz. Así que esta sociedad nuestra a lo mejor necesita un enema (parafraseo a Jack Nicholson en el Batman de Tim Burton), un toque de humildad, para hacer las cosas mejor y más pegadas a la realidad, a lo básico e importante. Cierto que disfrutamos de una posición envidiable en esta coyuntura, pero cierto es que hay personas que podrían haber gestionado mejor la riqueza que han disfrutado y parece haberse volado en dos días. Cuántos chicos de veintitantos, ganando un pastón en la obra, se lo han gastado todo en tunear el coche o en días de farra. ¿Y es culpa de las stock options, del neoliberalismo, de Bush o de Zapatero que ahora se vean a dos velas? Aquí pega lo de la fábula de la cigarra y la hormiga en versión proletaria o empresarial. Y que conste que no me olvido de las cenicientas de este cuento que son los que vivían apurados en tiempos de bonanza y ahora se las ven negras. Por eso me alegro de la postura de un gobierno que no quiere ceder en las prestaciones sociales y que, espero, gestione adecuadamente (igual que critico que no modifique unos presupuestos que benefician claramente a "sus" autonomías frente al bien general en proyectos oscuros de soberanía). Hasta aquí la política. Sólo una anécdota: por primera vez en muchos años he visto a una mujer yendo de portal en portal pidiendo comida para sus hijos porque los bonos de comida de Cáritas se habían acabado. Triste.
PD: Premio para el que traduzca el título de hoy (obra clásica, universal e imprescindible adaptada al cine por un grande entre los grandes, John Ford). ¿Qué es peor una crisis económica como la actual o la crisis de valores que llevamos observando una década?
miércoles, 29 de octubre de 2008
martes, 28 de octubre de 2008
Pero, ¿esto qué es lo que es?
Estoy leyendo a una filósofa judía llamada Hannah Arendt (gran libro, "La condición humana") donde critica al existencialismo por marcar el "yo" como único y personal (una clase de onanismo existencial). Defiende la idea de que el "yo" se define por los demás, por el entorno (yo soy yo y mi circunstancia), el hombre es un animal social. Así que desechemos que somos una isla y tomamos el ferry cuando salimos ahí fuera. Somos lo que somos más los que nos comparten. Y, en muchos aspectos, eso da sentido a nuestra existencia, puede ser uno de los sentidos de la vida y cómo: tomar unas cañas y una buena conversación con mejor compañía es un ideal de vida.
Esto de la conversación, de la dialéctica entronca con otro ideal filosófico, el de Platón. Platón decía que la memoria es conocimiento y éste se alcanza con la dialéctica. Así que, concluyo: si me tengo que definir por vosotros soy un tío de puta madre y si he tenido el gusto de conversar con vosotros he aprendido un huevo. Me siento afortunado (de ahí, esas gracias simples pero sentidas).
Luego tenemos otros condicionantes: la mente es un animal extraño incluso la nuestra propia y juega muy malas pasadas. Pero eso es otro asunto.
Otro: estuve pensando el otro día sobre la "buena" o "mala" intención. Pensando en si eso nos disculpa: debo decir que yo echo mano muchas veces de ese recurso, "lo he hecho sin mala intención". Pides perdón, rectificas, aprendes a no repetirlo, pero... ¿nos exime de la culpa? Supongo que aquí entra nuestra educación judeocristiana de hacer algo de acto y pensamiento. A veces me asusto de lo que pienso, de las ideas e imágenes que cruzan mi mente y te puedes sentir culpable sólo de la idea. Si lo reflexionas, sabes que está mal y lo practicas: eres culpable. Si simplemente lo haces sin reflexionar (no sé vosotros pero me pasa que me cuesta reflexionar cuando estoy eufórico): no eres culpable, no lo has meditado, medítalo. Ése sería el pensamiento cristiano (hiperbolizado con la culpa por el simple pensamiento: en esto el cristianismo se vuelve un poco vulgar al pretender saber cómo funciona la mente humana, no se pueden controlar los pensamientos), que, por cierto, comparte con el existencialismo (no somos responsables de lo que hacemos irreflexivamente, independientemente del hecho en sí -desde un mal comentario a un asesinato- véase "El extranjero" de Albert Camus), pero los actos perduran y erosionan relaciones. Y creo, firmemente, que los pensamientos también lo hacen: las ideas recurrentes a veces se hacen realidad.
Esto se complica, hay muchas ramificaciones: yo, los demás, unas relaciones establecidas, pactos no escritos que se incumplen, formas de ser, imponer nuestro criterio sobre el de los demás,... ufff. Lo cierto es que partiendo de algo que parece sencillo (la buena o mala intención) se llega a un complicado mundo de posibilidades que me asfixian.
Por esto os necesito, necesito vaciar estos pensamientos, hacerlos vuestros también y conseguir algo de racionalidad y sencillez en el camino.
No sé si me vais a entender del todo, pero creedme: lo habéis hecho, lo hacéis y,espero, lo haréis por muchos años.
PD: hoy esto está un poco cargado, así que suelto lastre. Una palabra "poncho", una película "Top Secret", un chiste "mamá pan, y se murió", un apodo "miqueta", una canción "Twist and shout", un libro "Sin plumas" de Woody Allen... "esas son las cosas que me gustan a mí" (¿recordáis la canción de "Sonrisas y lágrimas"?). Pues eso.
Esto de la conversación, de la dialéctica entronca con otro ideal filosófico, el de Platón. Platón decía que la memoria es conocimiento y éste se alcanza con la dialéctica. Así que, concluyo: si me tengo que definir por vosotros soy un tío de puta madre y si he tenido el gusto de conversar con vosotros he aprendido un huevo. Me siento afortunado (de ahí, esas gracias simples pero sentidas).
Luego tenemos otros condicionantes: la mente es un animal extraño incluso la nuestra propia y juega muy malas pasadas. Pero eso es otro asunto.
Otro: estuve pensando el otro día sobre la "buena" o "mala" intención. Pensando en si eso nos disculpa: debo decir que yo echo mano muchas veces de ese recurso, "lo he hecho sin mala intención". Pides perdón, rectificas, aprendes a no repetirlo, pero... ¿nos exime de la culpa? Supongo que aquí entra nuestra educación judeocristiana de hacer algo de acto y pensamiento. A veces me asusto de lo que pienso, de las ideas e imágenes que cruzan mi mente y te puedes sentir culpable sólo de la idea. Si lo reflexionas, sabes que está mal y lo practicas: eres culpable. Si simplemente lo haces sin reflexionar (no sé vosotros pero me pasa que me cuesta reflexionar cuando estoy eufórico): no eres culpable, no lo has meditado, medítalo. Ése sería el pensamiento cristiano (hiperbolizado con la culpa por el simple pensamiento: en esto el cristianismo se vuelve un poco vulgar al pretender saber cómo funciona la mente humana, no se pueden controlar los pensamientos), que, por cierto, comparte con el existencialismo (no somos responsables de lo que hacemos irreflexivamente, independientemente del hecho en sí -desde un mal comentario a un asesinato- véase "El extranjero" de Albert Camus), pero los actos perduran y erosionan relaciones. Y creo, firmemente, que los pensamientos también lo hacen: las ideas recurrentes a veces se hacen realidad.
Esto se complica, hay muchas ramificaciones: yo, los demás, unas relaciones establecidas, pactos no escritos que se incumplen, formas de ser, imponer nuestro criterio sobre el de los demás,... ufff. Lo cierto es que partiendo de algo que parece sencillo (la buena o mala intención) se llega a un complicado mundo de posibilidades que me asfixian.
Por esto os necesito, necesito vaciar estos pensamientos, hacerlos vuestros también y conseguir algo de racionalidad y sencillez en el camino.
No sé si me vais a entender del todo, pero creedme: lo habéis hecho, lo hacéis y,espero, lo haréis por muchos años.
PD: hoy esto está un poco cargado, así que suelto lastre. Una palabra "poncho", una película "Top Secret", un chiste "mamá pan, y se murió", un apodo "miqueta", una canción "Twist and shout", un libro "Sin plumas" de Woody Allen... "esas son las cosas que me gustan a mí" (¿recordáis la canción de "Sonrisas y lágrimas"?). Pues eso.
lunes, 27 de octubre de 2008
jueves, 23 de octubre de 2008
Malos tiempos para la lírica
Con esa voz lánguida Germán Coppini expresaba un estado de ánimo que me viene al pelo. No tengo tiempo para la reflexión pero sí para recomendaros un par de pedazos de arte perfectos para esta época que empieza a parecerse al otoño.
"Rainy Day Music" de Jayhawks es el disco ideal no sólo para días de lluvia sino para esos momentos en donde sientes que nadie te entiende. Estos tipos (o el gran Gary Louris, guitarrista, cantante y alma del grupo) te entienden. Hay una canción que reza: "Don't expected to see / it's important to me / I guess it´s just one man's problem". Sólo estos versos resumen mucha de la incomprensión que a veces encuentras en los demás incluso en los más cercanos. Con ese tono final de aceptación reconfortante, esto es una joya para mí (es el típico estribillo que decides volver a escuchar y gritar si encarta). En fin, que todo el disco es increíble y también marcó el cierre de una etapa gloriosa de Jayhawks que ahora parece remontar. Veremos.
"Robin y Marian" de Richard Lester. No sé porqué siempre termino viendo esta película en otoño. Si no la habéis visto, ya estáis tardando: Sean Connery y Audrey Hepburn interpretan la historia de amor de Robin Hood y su amada en el ocaso de sus vidas con deudas pendientes que pagar. Es ese tipo de películas que denominan de "romance otoñal" (en esa cronología, el invierno sería la muerte) pero es universal. No hay palabras, sólo gestos y miradas. Preparaos los pañuelos porque con ésta llora hasta Hulk Hogan.
Así que, como no tengo yo personalmente tiempo para la lírica, se la cedo a los creadores.
PD: Ya podéis hacer recomendaciones otoñales, que está lloviendo. Abrazos.
"Rainy Day Music" de Jayhawks es el disco ideal no sólo para días de lluvia sino para esos momentos en donde sientes que nadie te entiende. Estos tipos (o el gran Gary Louris, guitarrista, cantante y alma del grupo) te entienden. Hay una canción que reza: "Don't expected to see / it's important to me / I guess it´s just one man's problem". Sólo estos versos resumen mucha de la incomprensión que a veces encuentras en los demás incluso en los más cercanos. Con ese tono final de aceptación reconfortante, esto es una joya para mí (es el típico estribillo que decides volver a escuchar y gritar si encarta). En fin, que todo el disco es increíble y también marcó el cierre de una etapa gloriosa de Jayhawks que ahora parece remontar. Veremos.
"Robin y Marian" de Richard Lester. No sé porqué siempre termino viendo esta película en otoño. Si no la habéis visto, ya estáis tardando: Sean Connery y Audrey Hepburn interpretan la historia de amor de Robin Hood y su amada en el ocaso de sus vidas con deudas pendientes que pagar. Es ese tipo de películas que denominan de "romance otoñal" (en esa cronología, el invierno sería la muerte) pero es universal. No hay palabras, sólo gestos y miradas. Preparaos los pañuelos porque con ésta llora hasta Hulk Hogan.
Así que, como no tengo yo personalmente tiempo para la lírica, se la cedo a los creadores.
PD: Ya podéis hacer recomendaciones otoñales, que está lloviendo. Abrazos.
martes, 21 de octubre de 2008
Me corto las venas o me las dejo largas
No tengo tiempo. Así que no he podido editar nada en estos días. Parece que la semana horribilis está tocando a su fin y quiero tener más continuidad.
Cosas: un tema que no he tratado como se debía es el tema de las peluquerías. Los que me conocen saben de mi aversión por ir al peluquero (me gustaría que un golpe de aire hiciera el trabajo). Todo parte de un trauma infantil (como casi todo, es la época que forma el carácter): acudía al peluquero de toda la vida, cuando existían barberías y eso de unisex se refería al hermafroditismo, y ese individuo, que había aprendido en la mili por cierto, se dedicaba a machacarme las orejas (siempre me hacía unas heridas horribles que se acentuaban con el uso de las gafas -recuerdo incluso haber llevado algodones para atenuar el dolor, os podéis imaginar la estampa-) y voltearme la cabeza de un lado a otro, amén de la inquietante vibración que producía la maquinilla eléctrica y el sonido rasposo de la cuchilla clásica amenazando mi nuca. Aparte de eso, normalmente desperdiciaba de una a dos horas en ese antro (un cuchitril, con canario incluido) y tenía que soportar la típica conversación cuartelera de los paisanos de turno (como un bar de viejos). ¡Y siempre terminaba haciéndome el mismo corte de marinerito! Joder, parecía que iba a hacer la primera comunión todos los meses. Para completar el cuadro, siempre había un tipo allí que me daba mucho miedo, se dedicaba a barrer los pelos sobrantes y parecía un tarado sicópata con antecedentes penales (también lo veía en la iglesia y, por lo que parece, le daban unas monedas por ayudar al cura a llevar los cirios). Con este panorama para mí eso era el tren del terror, un viaje con retorno a la locura de los mayores.
Cómo no, terminé dejándome el pelo largo, en cuanto pude, y así estuve siete u ocho años sin pasar por una peluquería. Al regresar, por circunstancias que prefiero olvidar, decidí ir a peluquerías de señoras (o unisex, que viene a ser lo mismo) donde por un poco más (el corte masculino es mucho más barato) te lavaban el pelo y te cortaban con mimo. Pero, aun así, sigo sin ganas de ir. Intento alargarlo lo más posible, hasta que ya no lo aguantan más (sí, tenso la cuerda lo justo) y eso suelen ser cinco o seis meses. No está mal, dos o tres veces al año.
Ahora me surgen ciertas dudas sobre el negocio. Primero, ¿por qué hay que hablar mientras te cortan? Vale que no te obligan pero provocan un silencio tan incómodo que tienes que decir algo (es como estar en un ascensor pero con alguien manoseando tus pelos). Podrían poner la música o la radio muy alta y problema resuelto.
Segundo: ¿por qué no puedes reclamar el corte que te han hecho? Sabido es que da igual qué indicaciones le des a la peluquera que te va a hacer lo que le sale de dentro (como un artista caprichoso) porque quién coño eres tú para decirles qué te sienta bien (como los albañiles/ pintores/ fontaneros). Yo pido un corte normal pero siempre me salen con "te lo dejo más corto por aquí" o "esto está de moda ahora". Entonces, visto que hacen lo que quieren y que después de haber malgastado como poco una hora de tu tiempo sólo quieres salir de ahí pitando, con lo que no te fijas bien en lo que te han hecho, ¿por qué no puedes volver al día siguiente y decirles que rectifiquen o que te devuelvan el dinero? Debería ser como la ropa, te la pruebas en la tienda, la compras pero tienes la opción de devolverla. Cuántas veces sales de la peluquería te enfrentas al Gran Jurado y tienes que oír "demasiado corto te lo han dejado", "te tendrían que haber dejado el flequillo", "mucho te han dejado", "¿para eso has ido?" (parecen los Yoda del corte de pelo). Así que deberíamos exigir la reparación de la faena.
Tercero: No sé si habéis pensado en lo peligroso que es la manipulación de unas tijeras cerca de tu cabeza. Me acuerdo que hace tiempo vi una película en donde cortaban la oreja de un pobre desgraciado mientras lo pelaban. Eso marca. Ese "click, click, click" que oigo en mi oreja continuamente me exaspera. A veces estoy a punto de gritar y salir con el babero gigante ése que te ponen a la calle a respirar. En fin, manías aparte, ¿no deberían tener un seguro de peligrosidad por si acaso?
Total, ya me he desahogado y, quizás, estoy preparado para otro corte inminente. ¿Algún consejo? (Y no vale lo de las revistas del corazón que ya me gustaría que pusieran cómics o algo para leer). Sip.
PD: Parece que la cuestión de los vaqueros no ha calado entre los cuatro gatos que leen esto. Pero lo de las peluquerías...
Cosas: un tema que no he tratado como se debía es el tema de las peluquerías. Los que me conocen saben de mi aversión por ir al peluquero (me gustaría que un golpe de aire hiciera el trabajo). Todo parte de un trauma infantil (como casi todo, es la época que forma el carácter): acudía al peluquero de toda la vida, cuando existían barberías y eso de unisex se refería al hermafroditismo, y ese individuo, que había aprendido en la mili por cierto, se dedicaba a machacarme las orejas (siempre me hacía unas heridas horribles que se acentuaban con el uso de las gafas -recuerdo incluso haber llevado algodones para atenuar el dolor, os podéis imaginar la estampa-) y voltearme la cabeza de un lado a otro, amén de la inquietante vibración que producía la maquinilla eléctrica y el sonido rasposo de la cuchilla clásica amenazando mi nuca. Aparte de eso, normalmente desperdiciaba de una a dos horas en ese antro (un cuchitril, con canario incluido) y tenía que soportar la típica conversación cuartelera de los paisanos de turno (como un bar de viejos). ¡Y siempre terminaba haciéndome el mismo corte de marinerito! Joder, parecía que iba a hacer la primera comunión todos los meses. Para completar el cuadro, siempre había un tipo allí que me daba mucho miedo, se dedicaba a barrer los pelos sobrantes y parecía un tarado sicópata con antecedentes penales (también lo veía en la iglesia y, por lo que parece, le daban unas monedas por ayudar al cura a llevar los cirios). Con este panorama para mí eso era el tren del terror, un viaje con retorno a la locura de los mayores.
Cómo no, terminé dejándome el pelo largo, en cuanto pude, y así estuve siete u ocho años sin pasar por una peluquería. Al regresar, por circunstancias que prefiero olvidar, decidí ir a peluquerías de señoras (o unisex, que viene a ser lo mismo) donde por un poco más (el corte masculino es mucho más barato) te lavaban el pelo y te cortaban con mimo. Pero, aun así, sigo sin ganas de ir. Intento alargarlo lo más posible, hasta que ya no lo aguantan más (sí, tenso la cuerda lo justo) y eso suelen ser cinco o seis meses. No está mal, dos o tres veces al año.
Ahora me surgen ciertas dudas sobre el negocio. Primero, ¿por qué hay que hablar mientras te cortan? Vale que no te obligan pero provocan un silencio tan incómodo que tienes que decir algo (es como estar en un ascensor pero con alguien manoseando tus pelos). Podrían poner la música o la radio muy alta y problema resuelto.
Segundo: ¿por qué no puedes reclamar el corte que te han hecho? Sabido es que da igual qué indicaciones le des a la peluquera que te va a hacer lo que le sale de dentro (como un artista caprichoso) porque quién coño eres tú para decirles qué te sienta bien (como los albañiles/ pintores/ fontaneros). Yo pido un corte normal pero siempre me salen con "te lo dejo más corto por aquí" o "esto está de moda ahora". Entonces, visto que hacen lo que quieren y que después de haber malgastado como poco una hora de tu tiempo sólo quieres salir de ahí pitando, con lo que no te fijas bien en lo que te han hecho, ¿por qué no puedes volver al día siguiente y decirles que rectifiquen o que te devuelvan el dinero? Debería ser como la ropa, te la pruebas en la tienda, la compras pero tienes la opción de devolverla. Cuántas veces sales de la peluquería te enfrentas al Gran Jurado y tienes que oír "demasiado corto te lo han dejado", "te tendrían que haber dejado el flequillo", "mucho te han dejado", "¿para eso has ido?" (parecen los Yoda del corte de pelo). Así que deberíamos exigir la reparación de la faena.
Tercero: No sé si habéis pensado en lo peligroso que es la manipulación de unas tijeras cerca de tu cabeza. Me acuerdo que hace tiempo vi una película en donde cortaban la oreja de un pobre desgraciado mientras lo pelaban. Eso marca. Ese "click, click, click" que oigo en mi oreja continuamente me exaspera. A veces estoy a punto de gritar y salir con el babero gigante ése que te ponen a la calle a respirar. En fin, manías aparte, ¿no deberían tener un seguro de peligrosidad por si acaso?
Total, ya me he desahogado y, quizás, estoy preparado para otro corte inminente. ¿Algún consejo? (Y no vale lo de las revistas del corazón que ya me gustaría que pusieran cómics o algo para leer). Sip.
PD: Parece que la cuestión de los vaqueros no ha calado entre los cuatro gatos que leen esto. Pero lo de las peluquerías...
jueves, 16 de octubre de 2008
ATENCIÓN: PREGUNTA
¿Cuántos días seguidos soléis llevar los mismos vaqueros -sin lavarlo, se entiende-? Cualquiera que lea estas notas debería contestar sólo por el interés informativo. ¿Y un jersey?
PD: Se me ha ocurrido que podría usar esta técnica "Si lo sé, no vengo" (no me digáis que no os acordáis del programa) para esas preguntas que no deben quedar sin respuesta.
PD: Se me ha ocurrido que podría usar esta técnica "Si lo sé, no vengo" (no me digáis que no os acordáis del programa) para esas preguntas que no deben quedar sin respuesta.
Angst
Esto de estar de nuevas a veces es asfixiante. Todo se hace como viene porque no tienes tiempo para pararte y pensar si estás haciendo lo correcto. Así me veo estos días, ni siquiera sé porqué titulé como titulé la anterior entrada. Tuve una evaluación horrorosa donde no se paraba de hablar y no me enteraba de nada. Ya me he estrenado en los partes. Y la chiquitina no da descanso, está en la edad y no para de cascar. ¿No lo veis? Me acelero.
Uno de los últimos comentarios de C. me ha hecho pensar en que los hombres no estamos genéticamente preparados para combinar colores. Al menos yo. No sé qué jodido color pega con la encimera o con la cómoda, no sé qué combina mejor con rojo o azul, y en los niños pequeños: pero si están bien con cualquier cosa, para qué vestirlos ya como mayores (es alucinante cómo visten los pijos a sus niños pequeños: como las juventudes nazis - camisa, jersey en los hombros, pantalones cortos y botas- pero con el caballito de Ralph Lauren y, como tienen muchos, ¡los visten igual! Da mucha grima). Por eso gasto vaqueros y camisas, eso pega con todo. La verdad es que me gustaría llevar todos los días exactamente lo mismo y usar camisas frikis para el domingo y festivos, pero no va a poder ser, chicos. Y a otra cosa. (Esperad: ¿y la indumentaria de profesor? Hay para todos pero me gusta el de camisa clara remetida y pantalones de pinza. Histórico).
Cosas: estuve viendo el primero de "Generation Kill" y, pasado el tópico del ejército americano, no está mal. No es gloriosa sobre todo por una dirección que no dice nada narrativamente (es la típica realización documental con planos continuos, sin pausas) pero el guión apunta cosas interesantes. Además, trata un tema (la segunda guerra de Irak) con la que los americanos tienen una relación amor/odio y será digno de ver cómo la tratan. Es de la HBO (nunca fallan: los Soprano, Deadwood, Roma, The Office, Curb your enthusiasm,... ) y los autores (Simon y Burns)hicieron ya una genialidad llamada "The Wire" (imprescindible, en serio).
PD: me tengo que ir, a ver si luego puedo otro rato.
Uno de los últimos comentarios de C. me ha hecho pensar en que los hombres no estamos genéticamente preparados para combinar colores. Al menos yo. No sé qué jodido color pega con la encimera o con la cómoda, no sé qué combina mejor con rojo o azul, y en los niños pequeños: pero si están bien con cualquier cosa, para qué vestirlos ya como mayores (es alucinante cómo visten los pijos a sus niños pequeños: como las juventudes nazis - camisa, jersey en los hombros, pantalones cortos y botas- pero con el caballito de Ralph Lauren y, como tienen muchos, ¡los visten igual! Da mucha grima). Por eso gasto vaqueros y camisas, eso pega con todo. La verdad es que me gustaría llevar todos los días exactamente lo mismo y usar camisas frikis para el domingo y festivos, pero no va a poder ser, chicos. Y a otra cosa. (Esperad: ¿y la indumentaria de profesor? Hay para todos pero me gusta el de camisa clara remetida y pantalones de pinza. Histórico).
Cosas: estuve viendo el primero de "Generation Kill" y, pasado el tópico del ejército americano, no está mal. No es gloriosa sobre todo por una dirección que no dice nada narrativamente (es la típica realización documental con planos continuos, sin pausas) pero el guión apunta cosas interesantes. Además, trata un tema (la segunda guerra de Irak) con la que los americanos tienen una relación amor/odio y será digno de ver cómo la tratan. Es de la HBO (nunca fallan: los Soprano, Deadwood, Roma, The Office, Curb your enthusiasm,... ) y los autores (Simon y Burns)hicieron ya una genialidad llamada "The Wire" (imprescindible, en serio).
PD: me tengo que ir, a ver si luego puedo otro rato.
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