Una sesión de espiritismo en la Inglaterra post-Primera Guerra Mundial es interrumpida por una de las asistentes que descubre el pastel: todo es un montaje. La chica es una escritora popular por haber escrito un libro que destapa las farsas de las historias de espíritus y se dedica en cuerpo y alma a perseguir a los timadores que se aprovechan del dolor ajeno (vamos, que se hincharía ahora con los del tarot o la cotorra inglesa esa del más allá). Está claro que lo hace con convicción pero no placer porque arrastra unos cuantos demonios propios. Al volver a casa recibe a un hombre que le cuenta que es profesor en un internado en el que un chico ha muerto, supuestamente, porque ha visto un fantasma. Los chicos están acojonados y le ruega que resuelva el misterio. Primero duda pero le toca la fibra sensible (y parece que le gusta el hombre, Dominic West, el McNulty de The Wire, no os digo más) y allá que va con sus aparatos y sus cosas.
La película tiene un comienzo muy prometedor: la sesión de espiritismo está rodada con tensión y gusto. El personaje femenino está muy bien descrito (es la chica de "VickyCristinaBarcelona", la amiga de Scarlett Johansson) y a mí me apetecería ver más aventurillas parapsicológicas de este personaje tan de cómic. Pero, tras una escena estupenda llena de suspense donde recorre la mansión en busca del supuesto fantasma, la cosa va decayendo (con sus momentos, como cuando encuentra la casa de juguete) hasta un flojo final con truco (diría que muy alargado, en realidad, como tres finales seguidos). Si es que el terror cuanto menos expliques, mejor. Y, al final, te lo explican todo.
De todas maneras, merece la pena su visionado y no dura demasiado.
En toda peli de terror hay momentos WTF?
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