Bien, todo esto viene por las tres (¡TROIS!) películas que he visto el uikén, tan prescindibles como cualquier anécdota sobre tu boda o tu faxcinante trabajo. La primera:
SERPIENTES EN EL AVIÓN
No sé si recordaréis que ésta fue un pequeño fenómeno porque, mientras la rodaban, pedían a la gente a través de una página web sugerencias sobre qué debía suceder, en votación democrática, y "punchlines" (es decí, frases con gancho que dijera el gran Samuel L. Jackson). Una vez vista lo que demuestra es que la democracia es una puta mierda y la gente, así en general sin marcar, no sabe hacer cine aunque todos ejercemos de sabios consejeros como si así juera (- ¿y cómo estuvo la peli? - Muuuuu güena, sí, señó). De todas maneras, esto es un medianamente divertido despropósito (más o menos igual a caca), que podía haber durado todavía menos porque le sobra la introducción y que es demasiado consciente de su condición así que mucho menos divertido (¡momentos románticos! ¡heroicidades! ¡buenrrollismo!). En serio, al final deberían haberse ido todos a tomar por culo y hubiera tenido cierta gracia. Ah, y la vendieron como que salía Elsa Pataky, pero el que actúa de verdad es el bebé inexpresivo que porta.
LOS MERCENARIOS
Buenas escenas de acción (aunque preferiría que fueran menos adrenalínicas, más old school), un casting (casi) insuperable para los nostálgicos del cine de acción de las últimas décadas (lo que habría sido con un Charles Bronson, Lee Van Cleef, Lee Marvin o Robert Ginty, aggggg...), dura lo justo e incluso tiene un punto crepuscular a lo Grupo Salvaje. Pero... se queda un poquito corta, un poquito. Para mí, lo mejor de la función es ese agrio Dolph Lundgren que lo borda. Entretenida.
PA-TA-TA-TA-TA-TA....
HILO MORTAL
La trama tiene cierto gancho: unos malos de acento indefinido (es del 92, con la Guerra Fría superada) poseen un explosivo que se ingiere y sabe como el agua Lanjarón. Así, las incautas víctimas ni se lo huelen (si es que el agua es mú mala, hay que beber cerveza que tiene proteínas) y explotan cual sandías con petardos. Pero resulta que la película es algo flojilla y lo que mola es ver a un Pierce Brosnan jovenzuelo que todavía conserva el look ochentero de chaquetas hortera y barba de tres días a lo Sonny Crockett. Está tan pasado de rosca en casi todas las escenas que parece intoxicado por coca en mal estado (¡otra vez los 80's!). Pero no es eso mal pensados, es que la mujer le ha puesto los cuernos con un senador retaco con peinado a lo tazón (¡los 90's! Agh! Si por lo menos tuviera mullet) y eso, amigos, es muy humillante y no se puede permitir. Yo también me pondría hecho una furia todo el rato. Así que se pasa toda la peli viendo explotar personas cual piñatas (muy gore, sí, señor) y rogando amor a su mujer como un desesperado. ¿Patético? Un poquito sí, pero ahí está uno que se la ve enterita.
No sin mi tazón, yuju!



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