martes, 14 de octubre de 2008

Michael Jackson

No me gusta que me presten atención (fijaos en el lenguaje: la atención "se presta" para "devolverla" después), que me hagan mucho caso. Es como este blog: es un desahogo que puede tener más o menos lectores pero no me preocupa demasiado, es eso, sólo vaciarse y luego continuar. Ya comentaba que si me decían lo bien que lo hacía en algo, empezaba a comportarme de forma torpe y termino fastidiándola. Tengo una teoría: parece ser que de pequeño era la alegría de la huerta, bailaba todo el rato, me reía, jugaba, me exponía a los adultos sin problema. La mayoría de los niños pequeños se comportan así, pero yo recibía un extra de atención porque era el único nieto de la familia, un varón (cuando eso importaba), etc. Así que tuve mis cinco minutos de fama y, por lo que se ve, me harté y me convertí en pocos años en todo lo contrario: reservado y extremadamente tímido. Es como si hubiera sido una estrella de Hollywood harta de estar expuesta a la opinión pública y decido encerrarme en una mansión con un mono y miles de libros (un día podemos hablar de los amigos imaginarios). Así que salí de la vida pública y me volqué en mi mundo interior del que me costó salir.
Y aquí estoy intentando todavía conciliar los dos momentos en uno nuevo. No es molesto porque son metas que alcanzar, lugares que descubrir. No sé quien me dijo aquello de "la utopía está a diez pasos de mí; avanzo diez y la utopía se aleja los mismos; pero tengo que seguir intentando alcanzarla". Cada uno tenemos nuestra pequeña utopía y no necesitamos llegar a ella, necesitamos intentarlo.
PD: La polisemia en los niños pequeños: "tato" es alto, salto y gato; "tata" es galleta, salta y pasta. De verdad que es un disfrute esto.

lunes, 13 de octubre de 2008

Lavinquelibromasbonico

Leo: "- Va bien acordarse de la primera vez de todo -dice-. La primera vez que me la casqué pensé que era algo que había inventado yo. Miré aquel puñado de porquería viscosa y pensé: con esto me voy a hacer rico." De "Asfixia" de Chuck Palahniuk.
Perdonad que insista en el dichoso libro pero me lo he leído en dos ratos y es una crónica estupenda del estado de la cuestión en el primer mundo. Además, ya estaba tardando en meter la típica morcilla onanista (¡qué bonita imagen!) que todo relato del día a día masculino debe tener: hoy me la he cascado, ayer no, anteayer dos veces, luego, no me acuerdo,... y así consecutivamente. ¡Así no podemos ser el sexo fuerte! ¡Ni de coña! Somos sexo y punto.
Sé que estáis de vacaciones, yo no. Pero tuve un encuentro muy gratificante el jueves, que sí estaba de puente. Y... a otra cosa. Hablando de sexos estuve viendo una antigua película de género que explota la figura de la femme fatale (esa Pandora cuyos antecedentes se pierden en el albor de los tiempos, que hace que los hombres que hacen cosas malas no sean responsables últimos de los actos) pero se muestra extrañamente comprensiva con una mujer adelantada a su tiempo, ambiciosa y, finalmente, enamorada de un "buen hombre", que la redime. Es decir, que a pesar de la misoginia que destila esta figura, la película se pone de parte de ella y sale victoriosa pese a todo (claro que debe ser castigada como es debido). La película: "La extraña mujer", gratis con el ABC del fin de semana.
Más cosas: he recibido un paquete con membrete almeriense, pero no hay ningún mensaje de afecto sólo un frío y feo título de un olvidable curso a distancia. Pena.
Al padrazo, que digo yo que "pringaíllo" podía ser un buen apodo, o el "güachin machín" que queda más castizo. Es feo y encima sólo hace que fregar y fregar. Me recuerda a mi época de recogefriegavasos. Quiérelo, es una tarea muy ingrata y, como les dicen a las madres de antes, "no está pagá".
Y hoy no posdateo que tengo que comer. ¡Ay, que con el hambre me da nostalgia!

miércoles, 8 de octubre de 2008

Paranoia Agent

Voy retrasado. Me pasa con casi todo, empiezo con ganas y disciplina y luego se me va la fuerza por la boca. Eso no significa que no siga estruyéndome las meninges, sino que soy un vago.
Leo en una agenda escolar europea entregada a los chicos de 4º de ESO: "si compramos productos falsificados contribuimos a financiar el terrorismo internacional, dos ejemplos:
- Los que pusieron la primera bomba en el World Trade Center, allá por el 93, se dedicaban al comercio de camisetas falsificadas.
- Participantes de las bombas del 11-M tenían un negocio de reproducción de CDs y DVDs."
Bonitos tiempos para la paranoia. El resto de la agenda sigue unos derroteros bastante sensacionalistas (para hacernos una idea, como los informativos de Antena 3) en cuestiones como el sexo (centrándose en el embarazo juvenil), las drogas (habla de botellones con un esquema donde se cifran por millones) o el medio ambiente (los datos son múltiples pero las soluciones pocas); pero en esta cuestión clama un poco al cielo: en un comentario sobre la agenda podríamos titular, "Bin Laden se gana la vida vendiendo CDs piratas de Bisbal". Aún así, un loable intento por conectar con el "mundo de los jóvenes" que ni siquiera van a leer el contenido de la dichosa agenda (por cierto, no pone nada de hecho con papel reciclado).

Leo: "El herrero sigue aporreando su trozo de metal, dos golpes rápidos y tres lentos, hasta que uno se da cuenta de que es la línea de bajos de una canción vieja de Radiohead que le gusta. Por supuesto va completamente ciego de éxtasis." Me encanta, es de un libro de Chuck Palahniuk, "Asfixia". Me gusta la literatura pop o posmoderna (no me pidáis más claridad), ésa en la que se mezclan géneros y es multirreferencial, ésa que hace literatura del chicle o de los Beatles. Palahniuk, Easton Ellis, Amis, DeLillo,... o incluso Bukowsky, todos anglosajones pero con buenas traducciones, creo. Me acuerdo de "American Psycho" de Brett Easton Ellis donde cada dos o tres capítulos había una monografía sobre algún cantante o grupo: U2, Huey Lewis and the News (¿os acordáis de la pegadiza canción con la que comienza "Regreso al futuro"?), Whitney Houston,... Iconos de serie B (no, no los equiparo con los grandes) pero que forman parte de mi existencia. Anteanoche me pregunté si seríamos como somos habiéndonos criado con "Crónicas marcianas" o "Física y química", en vez de nuestro "La bola de cristal" o "Barrio sésamo". Aunque suene a reflexión gratuita, pa' mí que no.

Estuve viendo el primer capítulo de "Pushing Daisies" (traducido aquí com "Criando malvas", a ver si la inglesa nos aclara si es buena o mala translación). Tiene gracia, en el momento en que parece decaer (tiene un comienzo muy frenético, demasiado bueno) le salva ese punto excéntrico que le han dado los creadores tanto visual como argumentalmente. El director del primer capítulo es un antiguo director de fotografía (hizo películas con los Coen: "Muerte entre las flores" o "Arizona Baby") convertido en realizador con gusto por la fantasía y lo kitsch: mis preferidas son "La Familia Adams" (sobre todo la segunda parte) y "Men in black". Lo que pasa es que no tiene freno y, si el guión flojea, no sabe qué hacer con la película y, sobre todo, con los actores (que sobreactúan de mala manera), ejemplos: "Wild Wild West" o "RV" (una con Robin Williams que ni os molestéis).

Y otra cosa, hay una cualidad de los niños pequeños que me encanta: ése punto que tienen melodramático, de pasar del llanto a la risa con una facilidad pasmosa. Y no son rencorosos. Los mejores actores del mundo y hacen caquita de pie. Si volviera a ser un bebé con lo que sé ahora no me quitan el pañal en diez años.

PD: Me encantan los comentarios que hacéis, de hecho, deberíais escribir en la página principal. Encontrar uno me produce casi la misma sensación que recibir una carta en el correo o recoger un paquete. No sé si me explico.

viernes, 3 de octubre de 2008

Hey, el dibujito que he hecho con I y - no ha salido como quería, os juro que era una cara sonriente. En fin...
IIIIIIIIIIIII IIIIIIIIIIIIII
I I I I
------- I I -------
I I
II IIIIII II

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII
I I
I I
IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

Hoy tengo el típico bloqueo del escritor así que he hecho esta tontería. Oye, no está mal. Es algo que me gusta: hacer algo inútil para perder el tiempo; llenar esos espacios en los que deberías hacer algo, incluso importante, con una actividad del todo inane, vacía. A veces me he sorprendido haciendo verdadera arquitectura con trocitos de papel, intentando poner los bolígrafos y lápices de pie como si fuera una especie de funambulista de material escolar, moviendo una moneda entre los dedos, juntando las migas de pan encima de un mantel y haciendo extrañas formas con ellas, hojeando cualquier folleto absurdo de perfumería o alguna tienda de muebles,... o, simplemente, mirando a un punto indeterminado en la pared, pensando en nada (tengo la vaga ilusión que algún día, en una de ésas, se me ocurrirá "la gran idea" que cambiará mi vida y la del mundo entero y la del universo y la de mi madre).
Fue mi padre el que me inició en estas ocupaciones de lo absurdo: solía desperdiciar el tiempo como él solo y una de las cosas con las que lo perdía era haciendo figuras con la molla del pan (todas parecían diosas de la fertilidad minoicas, pero eso no lo sabía entonces). También se dedicaba a clasificar sus posesiones (nada lujoso) metódicamente: conchas, billetes de lotería, libros, películas, mecheros, cajas de cerillas, proyectiles vacíos,... Sí, pueden parecer ocupaciones inútiles pero lo más triste es que luego me he dado cuenta que es lo que lo mantenían más o menos cuerdo. Al final no hacía NADA.
Bueno, ya sabéis, si queréis añadir algo más, llamadme.
PD: Necesito una cerveza y un par de sonrisas.

jueves, 2 de octubre de 2008

El amor está en el aire (acondicionado)

¿Os acordáis cuando erais puros e inocentes y no conocíais ni la mitad de lo que sabéis ahora? Esa edad en la que tu única preocupación era tener veinte duros para las máquinas o para gominolas. La echo de menos. Necesito las cosas sencillas, simples, sin dobleces y crecer hace difícil mantenerlas así. A resultas de ser políticamente incorrecto, veo más en las mujeres esa cualidad de observar los matices, fijarse en los pequeños detalles. No me considero demasiado masculino en el sentido aparente del término, pero sí que me considero de trazo grueso. Es decir, lo veo todo como algo sólido, unido y, luego, a base de golpes en ocasiones, me doy cuenta de las partes, de la complejidad que encierra todo.
A ver si me aclaro un poco con un ejemplo: en las relaciones creía que lo único que importaba era quererse mucho y darse besitos en un portal, ir a cenar de vez en cuando y decir "lo preciosa que eres" y "cuánto te quiero". Bien, huelga decir que mi pareja lo veía todo de otra manera y desde el principio. Mi madre me dijo una expresión que resume parte de lo estoy intentando explicar: "mucho te quiero Pepico, pero pan poquico" (acuñada por una mujer, estoy seguro). El periodo de adaptación de un hombre normal a la lógica interna de las relaciones debe durar hasta que se acaba el "ciclo idiota" de una relación. Si continuas y no cedes, vienen mal dadas, agárrate los machos, muchacho.
Claro que personalizo mucho esta reflexión y sé que hay ejemplos de sobra para rebatirme, así que hacedlo, por favor.
Con esto entro también en una cuestión que ya dije en otra entrada que quería tratar: lo cínicos que nos volvemos en una relación larga. Y es que son los kilómetros y no la edad la que nos vuelve cínicos. Hoy en día casi todos los tópicos de las relaciones se han cumplido en mi caso, esos tópicos que creía caducos y "que a mí no me va a pasar". No es que no sea feliz, al contrario, lo soy pero de otra manera así que es inevitable añorar esos juegos que suenan a chiste ahora, que son ejercicios vacíos, fantasmas del pasado (¡puro cinismo!). Y esto es porque a estas alturas ha habido tantas peleas, desencuentros, encuentro, reconciliaciones que entramos en una dinámica que antes hubiéramos rechazado de pleno y ahora abrazamos. ¡El famoso polvo de reconciliación! ¿Qué es sino una manera de suavizar lo que nos hace daño?
Lo dejo, prefiero hablar de cosas prestadas y discos geniales: ayer escuché el nuevo álbum de Antony and the Johnsons en RNE3 ("Shake that devil" o algo así) y me dejó alucinado. ¡A bajárselo! Perdón, ¡a comprárselo!
PD: En una invitación de boda que he recibido hace poco encabezaba: "el amor es como el mar, se ve el principio pero no el final". Por lo menos rima. Y qué título más tonto he puesto hoy.

miércoles, 1 de octubre de 2008

King for a day, fool for a lifetime

Qué gran verdad: lo peor no es que arrojen tus posesiones por la ventana, lo peor es que se las queden y seas incapaz de recuperarlas. Creo que esa es la manera más difícil de recuperar un objeto aparentemente sin valor pero que para ti es sagrado: "hola, perdona, ya sé que te destrocé el corazón y nos gritamos cosas muy feas la última vez que nos vimos, pero ¿me podrías devolver mi CD de los Strokes y el pack de los Monty Python?". Y no nos tenemos que poner en el colmo, ¿cuántas cosas no nos hemos dejado en el camino por no ser más prudentes? (En mi caso la mayoría de lo que he perdido ha sido por culpa de vivir con unas hermanas ligeras en el préstamo). En un momento de euforia (y no tanto) dejas lo que sea a quien sea. Unas veces tú lo ofreces, otras te lo exigen sin recato: "¿tienes la última de Tarantino? ¿Me la puedo llevar?" Meeeec (pon sonido de bocina), error: ¿quién es ese tipo? ¿lo conozco? ¿confío en él? ¿responderá de mi DVD con su vida? ¿lo devolverá? ¿conozco donde vive? Muchas preguntas, lo sé. Para evitar olvidar alguna habría que pasar un cuestionario. Conocí a uno que rellenaba una fichita cada vez que prestaba algo, con tu nombre, el día que te lo prestó, etc. Un modelo a seguir, aunque no entraremos en el problema que tenía con su madre (hijo único, sobreprotegido,... ). Yo no puedo hacerlo, lo sé, pero se puede cambiar de estrategia y en estos tiempos de descargas y formatos comprimidos lo mejor es prestar sucios CDs resobaos y DVDs con siete películas grabadas con videocámara. Es una idea.
Atención, pregunta: ¿qué es lo que habéis perdido en un préstamo y tendríais más ganas de recuperar? En fin, algo que le tuviérais cariño. Yo puedo hacer un listado extenso y doloroso, os contaré uno de los que me desvela por las noches (soy coleccionista no lo puedo evitar): la primera vez que trabajé en mi vida gané unas 40000 pesetas recogiendo y fregando vasos de cubata y soportando a borrachos violentos. Cuando terminó la pesadilla, fui a una tienda de discos y compré un CD de coleccionista de The Police que costaba la friolera de 7500 pesetas de la época. Muy bonito, caja metálica, un concierto de la época punk de The Police que sonaba como grabado en su casa con un cassette, pero era mío y no sé quien más podía tener ese Santo Grial (también era edición limitada). Algo así lo tienes para enseñarlo, fardar un poco, lo normal (aunque, me repito, sonaba como el culo, de hecho, no llegué a escucharlo ni tres veces). Lo más flagrante de su pérdida, porque se perdió, es que no recuerdo habérselo dejado a nadie, ni nadie de los posibles sospechosos recuerda que se lo dejara. ¿Y por qué me duele más que otros? Por cómo sudé ese dinero, toda una lección de vida: no sabes lo que cuesta el dinero hasta que te lo ganas. Ya me pongo nostálgico.
Otra reflexión que me surge: ¿por qué si acumulas un montón de material siempre echas de menos lo que te falta aunque no sea ni el 1% de lo que tienes? No tiene sentido, pero es como todo: lo que te falta es lo que anhelas, lo que tienes... poned lo que queráis.
Responded a la pregunta. O no.