jueves, 18 de abril de 2013

David Mamet



Los hados sonríen cuando nos topamos con alguna obra escrita o dirigida, o ambas cosas, por el gran David Mamet. Dramaturgo reconvertido en guionista porque tenía talento y por su reconocida cinefilia, empezó dirigiendo una pequeña obra maestra de artesanía llamada "La casa del juego". Allí ya encontramos constantes de su cine como director: el engaño como arma y forma de vida, mezcla de personajes de alta y baja estofa, giros de guión sorprendentes, una dirección sensata, clásica. Además ya aparecen actores como Joe Mantegna, William H. Macy o Ricky Jay que salen en muchas de sus películas manteniendo una galería de actores fijos a la manera de directores como John Ford.



Pero yo lo descubrí unos cuantos años después, con una de sus joyas escondidas, "Homicidio", alquilada en mi videoclub habitual (el mítico Moi's). Una absorbente película que en su época relacioné más con el cine de Abel Ferrara por la obsesión que desarrolla el policía protagonista, otra vez Joe Mantegna, hacia la religión judía. Pero sólo es una comparación personal, la película es mucho menos sórdida que las de Ferrara y va por otros derroteros. Una de esas pelis de culto instantáneo por su extraña naturaleza entre el thriller convencional, el documento vivo de una sociedad tan cerrada como la de los judíos ortodoxos y una tesis sobre la fe y la vida. Y tiene uno de los finales (que no voy a destripar) más inquietantes que recuerdo.

Evidentemente, rebusqué en lo que restaba de su filmografía como director: la mencionada "La casa del juego" y "Las cosas cambian". Esta última es una comedia agridulce donde un modesto y anciano zapatero es contratado por la mafia para que se autoinculpe por un crimen cometido por un jefe de la mafia con el que guarda cierto parecido. El anciano acepta y queda bajo la custodia de un matón (otra vez Joe Mantegna) el fin de semana antes del juicio. Una cosa lleva a la otra (entre ellas que el mafioso está bajo presión por un error) y terminan saliendo de la habitación del hotel del que no deberían salir para pasar los mejores días de su vida. Una película vitalista y entrañable con un par de actores en estado de gracia y un guión a su altura (el zapatero es Don Ameche, uno de los abueletes de "Cocoon"). Otra gran película, tres de tres.

Luego se toma un descanso donde no para de adaptar y escribir guiones magistrales. En los 80 ya lo había hecho: "El cartero siempre llama dos veces", "Veredicto final" y "Los intocables", nada más y nada menos. Pero en los 90 se dedicó a adaptar sus propias obras de teatro al cine como guionista (la magnífica "Glengarry Glenn Ross" -con uno de los mejores repartos masculinos de la historia del cine- y "American Buffalo") o director/guionista ("Oleanna", la única película que no he visto del autor). Más, la reivindicable "El desafío", "Hoffa", "Ronin y "Vania en la calle 42" (el testamento cinematográfico de Louis Malle).

A finales de los 90 retoma dirige una de sus películas más frívolas o juguetonas: "La trama" (de nuevo la traducción española se carga la gracia del original "The Spanish prisoner" y lo adapta de manera impersonal -y repetida, es también una película de Hitchcock, "The Plot" en el original-). Un juego de astucia con macguffin (el dichoso invento) del que desconocemos su naturaleza pero sí su importancia. Hasta el momento seguro que su película más ligera, menor pero con mucho encanto. Claro que si lo comparamos con sus coetáneas, cualquier película de Mamet supera ampliamente a la mayoría. Y sin duda pocas películas de los 90 han llegado tan frescas como esta. También ha sido uno de los (pocos) intentos de Steve Martin de salir de su rol de payaso, intento que supera con sobresaliente. La poca repercusión de esta película (y todas las de Mamet) supongo que le impidió seguir probando otros registros, una pena. Ah, y es la única película del director que he podido ver en cine. Recuerdo que para mucha gente de mi entorno fue una grata sorpresa.

Así que Mamet seguía labrándose una carrera de pequeñas (pero geniales) películas como director que sólo parecía apreciar una minoría, mientras mantenía una reputación de guionista de éxitos de calidad (a la lista me remito). Es ese tipo de fenómenos para mí inexplicables, es, en verdad, un tipo a reivindicar (también por mi interés: la mayoría de sus películas están descatalogadas o tienen ediciones mejorables). Culmina la década de los 90 con otra película para mí menor, "El caso Winslow": inspirada en hechos reales donde el honor y la verdad siguen siendo temas prioritarios. Y el reparto incluye a dos actorazos como Nigel Hawthorne y Jeremy Northam (también de culto pero actorazos). No es la mejor de sus películas pero se ve con agrado.

En los '00 continúa su labor de guionista de primer orden con "Hannibal" y, sobre todo, la adaptación de su obra de teatro "Edmond". Una gran película dirigida por Stuart Gordon que describe la bajada a los infiernos de un hombre de clase alta que, de repente, se da cuenta del vacío de su existencia (bajo la influencia de una echadora de cartas) y se dedica a buscar la felicidad en lugares poco recomendables. A la manera de un Ulises perdido y desorientado vaga por un siniestro New York y... mejor no contar más. Quizás es la película más introspectiva y extraña de Mamet y supongo que, por eso, es un material que prefería no dirigir. La elección de William H. Macy (probablemente también lo hizo en teatro pues es uno de sus actores fetiche) no puede ser más acertada clavando su papel de macho infeliz intentando recuperar su dignidad, fracasando estrepitosamente (o no, interpreta su final como quieras).


Paralelo a su papel de guionista y dramaturgo, sigue dirigiendo películas cada vez con menos repercusión (si cabe) pero muy dignas, aunque su serie de TV tiene un éxito sorprendente y merecido. Y dignifica un género malinterpretado en muchas ocasiones como es el de acción con "Spartan" (magnífica y modesta -por presupuesto- incursión en el thriller de acción, en un momento en el que toda peli de este tipo debía ser como la saga Bourne, saca adelante y con Val Kilmer (!) un dignísimo film de espías, conspiraciones y traiciones, menos convencional de lo que aparenta), la interesante serie de TV "The Unit" (retrato de una unidad de operaciones especiales y sus familias, donde dirige y guioniza varios capítulos y se acredita como creador y productor) y su última película, "Cinturón rojo". Aparte, es más cine negro que de accion, queda "El último golpe" una especie de "Atraco perfecto" que no lo es, por supuesto. Para mí, la más regular del lote aun con el nunca suficientemente admirado Gene Hackman. Pero, insisto, todas las películas de Mamet son entretenidas, técnicamente precisas, con grandes interpretaciones y guiones decentes. Y esto es decir mucho en estos tiempos.


Entre medias su primera y única comedia disparatada, "State and Main": una sátira sobre Hollywood y su realidad que contrasta con la sociedad de un pequeño pueblecito en el que van a rodar una superproducción. Se deja ver y es muy divertida por momentos (marca de la casa). El tema del cine dentro del cine también lo toca en "Cinturón rojo" y, probablemente, es una manera de ajustar cuentas con una industria que no lo ha respetado lo suficiente. No lo malinterpreto, simplemente creo que a veces hay que desahogarse. Y su retrato de actores, directores, productores y técnicos tiene tanto de crítica como de cariño y comprension. Muy americano.

Finalmente llegamos a "Cinturón rojo", que era la excusa de esta reseña (pero es que a David Mamet hay que ponerlo en el altar que se merece). ¿Una película de artes marciales? Pues sí y no: es una película de David Mamet sobre un hombre bueno (buenísimo) que dirige un gimnasio de artes marciales (no me preguntéis de qué tipo porque era algo como japonés-brasileño). Comenta Mamet que su interés surge de su propia experiencia como alumno y la idea de usar la filosofía de la lucha oriental como metáfora de las relaciones humanas. Así que deja claro que cuestiones como el honor, la dignidad y la espiritualidad no tienen cabida en este mundo superficial, codicioso y materialista. Y vaya si lo deja claro: la película emociona y mucho. Se aprovecha de un actor en continuo estado de gracia, Chiwetel Ejiofor, para dar verosimilitud a un hombre noble que sufre un proceso de tentación, penitencia y, finalmente, reafirmación. Esta es la ventaja del arte sobre la vida: en el arte todo es posible. Y, creedme, tiene el final que tiene que tener, un majestuoso final.

Bueno, esta reseña tiene un final agridulce pues esta película es del 2008 y no hay nada reseñable sobre Mamet (unos cuantos cortos según figura en el Imdb) hasta hoy. Y es que este año, aparte de algún proyecto, ha estrenado una TV movie sobre Phil Spector. Ávido estoy de poder conseguirla: en el reparto Al Pacino, Helen Mirren y Chiwetel Ejiofor (!). Y producida por la HBO. ¡Gracias por seguir ahí, señor Mamet!

PD: Y a ver si todos os ponéis a consumir con avidez la obra de este jrande. Y lo comentáis, por supuesto.

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