miércoles, 23 de marzo de 2011



Quién no ha querido ser alguna vez Steve McQueen, escapar de un campo de concentración a lomos de una moto, acabar con los bandidos que amenazan a un pequeño pueblo mejicano, perseguir a criminales por las colinas de San Francisco en un deportivo o salvar a una panda de Paris Hiltons de un rascacielos en llamas. Lo cierto es que nunca se le olvidó que era actor y persona. En "Papillon" salía demacrado y no había chica, ni casino, ni motos, ni pistolas, sólo otro tipo más bajito y más feo que él, Dustin Hoffman. Apostó por Sam Peckinpah (un director que era veneno para las productoras de Hollywood pero que se llevaba bien con duros como el propio McQueen, Charlton Heston o James Caan) y ahí quedan la seca "La huida" (de una misoginia evidente) y la melancólica "Junior Bonner" (una de sus películas menos conocidas pero más interesante: un western crepuscular sobre el mundo del rodeo en los aridos parajes del medio-oeste americano; sí, en la línea de "Vidas rebeldes"). Desafortunadamente no sabemos cómo habría sido un Steve maduro, nos dejó demasiado joven y demasiado rápido. Y curioso que su única nominación a los Óscars fue por la pesada épica de "El Yang-Tsé en llamas", aunque es una de esas películas de Sábado Noche que tengo mitificadas.
Como persona, de todos es sabido su afición a la velocidad, plasmado en la curiosa (y larga, larga) "Le Mans" o en un interesante documental sobre motocross. Pero parte de ese amor al riesgo se perdió al saber que fue objetivo de la familia Manson. Se convirtió, al parecer, en un paranoico, perdió amistades en el camino y siempre llevaba una pistola encima. Incluso llegó a aprender kárate con el mismísimo Bruce Lee. Y, desde luego, lo más molesto de su personalidad era su misoginia. Cierto es que se portó especialmente mal con Ali MacGraw, su compañera en "La huida" (la de "Love Story"). (Una acotación: es extraño ver cómo mujeres con personalidad fuerte e independiente terminan fijándose en los hombres más inadecuados: Katharine Hepburn con el borrachín ultracatólico de Spencer Tracy; Elizabeth Taylor (triste la noticia de su fallecimiento) con el histriónico y alcoholizado Richard Burton -éstos se daban entre ellos-; especialmente triste es el caso de Farrah Fawcett con el brutote de Lee Majors y, otra vez, el borracho maltratador de Ryan O'Neal;...).
Pero, entre el mito y la realidad, me quedo con McQueen. Un recuerdo sincero. Y para stiff. Y para la bella Elizabeth Taylor (que siempre disfrutó más de la compañía de amigos que de queridos -especialmente entrañable fue su relación casi maternal con el frágil Montgomery Clift). Y para todos a los que echo de menos.

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