
No, no hay sorpresas. Este rincón es un cajón desastre donde tiene cabida "casi" cualquier cosa (creedme si digo que ejerzo la autocensura). Y esto no viene a cuento de nada, es así. Si a stif le gustó "Deseando amar" (mejor título original "In the mood for love") debería ver su poco evidente continuación "2046" -quien haya visto la primera sabe que no se trata de una fecha futurista, o sí-. Y es que a stif le gustan esas historias de amor contenido, perfecto e imposible, y coincido. Siempre, al respecto, recuerdo esa historia incluida en una película infantil, "Los tres caballeros", de un pingüino obsesionado por irse al Caribe, harto de helarse en su iglú. Consigue, no sin esfuerzo, que su barquito de hielo alcance una paradisiaca isla y, al cabo de un tiempo, lo vemos tostándose al sol con una piña colada y mirando de reojo un póster de su anhelado iglú. Esto es lo de siempre y me gusta repetírmelo: algo no es mejor si no lo tienes aunque creas que lo es. Esto me ha salvado muchas veces de cometer errores que pueden estropear lo que tengo por lo que me gustaría tener. En entradas anteriores defendía la mediocridad (el gran Horacio defendía en uno de sus epodos la "aurea mediocritas") que cada vez me parece más valiente que la audacia, el gusto por la excelencia, el salto al vacío. Y esto es porque he entendido que me tengo que dar a los demás para ser más yo mismo, porque, si sólo soy yo, no soy nada (vale, esto ya apesta a tópico). Por tanto debo ser más accesible, más comprensivo, más generoso, más pánfilo, porque la egolatría sólo llevaría a quedarme sólo con mi grandeza, que no es más que una ilusión óptica. Sé que tengo algo sólido, tan fuerte como una roca, nada puede atravesarlo, sé que os tengo, que os puedo agarrar, y sé que las tengo y las agarro muy fuerte. No puedo soltarlo porque mis brazos y mis manos ya tienen la forma justa de su mirada...
Bueno, ya está, no quiero continuar, ya está bien, un grito quizás.
PD: La conclusión a esta entrada no puede ser otra que un disco de desamor perfecto: "In the wee small hours" de Frank Sinatra. Grabado en plena separación de su amada Ava Gardner, con la que tenía esa típica relación ni contigo ni sin ti (aun habiéndose separado traumáticamente y haber protagonizado peleas antológicas, el bueno de Frank, poco dado a sentimentalismos, envió ramos de flores a Ava, destrozada anímica y físicamente por el alcohol, cada día hasta su muerte), se puede palpar su estado de ánimo lánguido y cargado de dramatismo contenido. Todas y cada una de las canciones de este álbum son historias imposibles, ya acabadas y que sólo viven en el recuerdo de un corazón hecho añicos. Mi preferida siempre ha sido "Last Night When We Were Young", pero cualquiera es recomendable.


